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miércoles, 17 de octubre de 2012

La sorprendente habilidad de Mr Pock - 5ª parte

Durante los siguientes días, Mr Pock continuó con problemas para enfocar sus sueños. Había llevado las gafas a arreglar y le dijeron que tardarían siete días en tenerlas listas. Mientras tanto, hubo de apañarse con unas viejas que tenía por casa, de cuando era adolescente. Con ellas no era capaz ni de enfocar despierto, ya que la graduación le había cambiado con el paso de los años, lo que le frustraba aún más,

Su esposa estaba muy preocupada por él. La confesión de aquella extraña habilidad y la existencia de ese niño en sus sueños, que se le figuraba real a su marido, la habían dejado intranquila. Durante aquellos días, se centró en él por encima de todas las cosas. Le atendía cuando se levantaba y cuando volvía de trabajar, le llamaba varias veces por teléfono para ver cómo se encontraba e intentaba darle ánimos en todo momento, aunque Mr Pock seguía cabizbajo, pensando qué podría hacer para volver a su parque y estar cerca de Martín.

El día que Mr Pock fue a recoger sus gafas a la óptica, por primera vez en días, se levantó con una sonrisa en la cara. Se entretuvo poco en el desayuno, se dió una ducha rápida y se vistió con prisas para llegar lo antes posible al establecimiento. Tuvo que esperar unos minutos en la puerta hasta que abrieron y cuando recogió sus gafas, suspiró aliviado. Parecían las mismas de siempre. No tendré problemas para enfocar esta noche .... pensó con alegría.

El día se le hizo eterno. No veía el momento de llegar a casa por la tarde para que pudiera ir a dormir lo antes posible. Cuando dieron las siete y media, ya estaba entrando por la puerta de su apartamento.

Durante el día, había estado pensando en todas las cosas que tenía que decirle a Martín. Se había quedado intranquilo después de su última visita y de su reacción. No entendía qué hizo al niño responderle con ese misterioso Debes irte ya.

Cenó con premura y se enfundó dentro de su pijama. Con el libro preparado en una mano y las gafas puestas, se tumbó en el sofá, dispuesto a que la lectura le transportara lo antes posible a su parque de sueño, recuperando para sí su sorprendente habilidad.

Cuando se le cerraron los ojos, vió por fin con absoluta nitidez el escenario que tenía delante suyo, solo que no reconocía su parque en él.

El parque estaba destruido completamente, como si aquella tormenta que empezó con fuerza la última tarde que estuvo en él, se hubiera convertido en un tornado, reduciendo a la nada el recinto. Muchos árboles se habían  tronchado, restos de ramas y de hojas muertas descansaban por todas partes y los patos ya no estaban en el lago, que aparecía cubierto de los restos que la tormenta dejara a su paso. Nadie paseaba por los caminos, no había rastro del heladero ni de su carrito y tampoco podía ver a Martín.

Mr Pock empezó a gritar su nombre con fuerza, esperando encontrar una respuesta. Voceó en todas direcciones, durante una media hora de sueño y cuando se estaba dando por vencido, Martín apareció delante suyo, sin más.

¿Dónde estabas Martín?,¿qué ha pasado aquí?, ¿estás bien?, preguntó al niño precipitadamente, al tiempo que le daba un abrazo y le removía el cabello.
Martín le correspondió el abrazo. Unas lágrimas asomaron en sus grandes ojos negros. No has debido volver, le respondió. No has debido volver. No dejarás que yo vuelva.

Mr Pock no entendía nada. ¿Qué quieres decir, Martín?¿A qué te refieres con que no dejaré que vuelvas?

El niño le miró fijamente y le dijo muy seriamente Tú enfocaste el sueño, retándole.  El sueño esconde su fuerza en su esencia nebulosa. 

Martín miró nervioso a ambos lados y siguió diciendo en voz muy baja
 Los sueños no son irreales, no, al contrario: son muy reales



Morfeo de Jean Antoine Houdon, célebre escultor francés (1741-1828)


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