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jueves, 11 de octubre de 2012

La sorprendente habilidad de Mr. Pock - 2ª parte

Durante las siguientes semanas, Mr Pock siguió ajustándose sus gafas para acudir a su cita nocturna en aquel parque de sueño, donde siempre era verano. Había decidido que no quería soñar nada más que no fuera aquel parque donde tan dichoso se encontraba.

Mr Pock había desarrollado una necesidad imperiosa de reunirse con Martín a diario, a quien siempre  se le iluminaban los ojos negros detrás de aquellos enormes cristales, cada vez que entraba por la puerta  del recinto.

Algunas noches, Mr Pock se llevaba al sueño una bolsa con pan para que el niño disfrutara dando de comer a los patos del lago. Le observaba al lanzar las migas al agua, sonriendo mientras los patos las engullían rápidamente.

Cuando terminaba la bolsa, Martín siempre se acercaba a Mr Pock y le cogía de la mano, apretándosela con fuerza, mientras arrimaba su pequeña cabecita hacia el cuerpo del hombre en busca de cariño. Mr Pock le removía el pelo con la otra mano y le arrimaba más fuerte hacia sí mismo, dándole un abrazo paternal. Martín era un niño de sueño, sin más familia que sus cuentos, pero incluso en los sueños se necesita tener a tu alrededor a gente querida y el chico encontró en Mr Pock todo lo que siempre había deseado.

Por su parte, Mr Pock se sentía sorprendentemente feliz cuando estaba con él. Le enseñaba muchas cosas, le explicaba otras tantas, le mimaba como no había hecho antes con nadie y desarrolló un profundo e inquebrantable amor por aquel niño de sueño.

Con sus gafas bien ajustadas podía ver sin problemas la forma de sus manos regordetas, la mella en uno de sus dientes, las orejas pequeñas y la luz en sus ojos cada vez que se encontraban. No te vayas.... le decía siempre Martín cuando Mr Pock tenía que dejarle por aquella tarde, para ir a dormir con su esposa. Las despedidas se estaban convirtiendo cada vez en más difíciles.

Una de las noches del mes de mayo, antes de dormirse Mr Pock estuvo pensando en Martin. Nunca le había mencionado a su esposa la relación tan especial que había desarrollado con el niño. Menos aún la sorprendente habilidad que poseía. No sabía si ella estaría en situación de comprenderlo.

Su esposa vivía feliz, engordando semana tras semana y pensando casi exclusivamente en el bebé que tendrían en agosto. Ya había comprado algunas ropitas y también un carro. La decoración de la habitación estaba aún por empezar. Se movía con alegría por la casa, con increíble agilidad y siempre estaba de buen ánimo,  sonriendo.

Hacía semanas que les habían dicho que tendrían un varón, pero ún no habían decidido el nombre de la criatura.

Mr Pock tampoco le había hablado a Martín del bebé. No sabía cómo iba a tomárselo, aunque tal vez le hiciera mucha ilusión. Fantaseó con la idea de que algunas noches podría intentar llevárselo con él para que conociera al niño. Imaginó a Martín con el bebé, como un hermano mayor. Le haría sentir orgulloso de ello.

Esa noche de mayo, antes de dormir,  Mr Pock decidió que se lo contaría a Martín.


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